martes, abril 10, 2007

El día En que Apagaron la Luz

Y entonces, al llegar la madrugada el artesano de palabras se canso de escribir sus sueños a la orilla del mar. Sus variaciones del silencio quedaron suspendidas en las profundas olas de un mar sin retorno y sin final. Nadie en la playa de cristal entendía por que el artesano de palabras se había cansado de soñar y mucho menos de desfragmentar sus horas imprecisas con el pincel del tiempo. Solo la gente, que había madrugado en la mañana mas fría de abril para leer la historia de ese día, pudo ver que aquel hombre cuyo arte era pintar las olas en forma de palabras, entregado en un eterno silencio, tomo en sus manos un puñado de humo y viento y en sus valijas rotas el artesano mezclo aquellos movimientos con un poco de sal, con la cual horas mas tarde construyó una luna en soledad y que con la ayuda del viento en cuestión de dos pasos tejió las alas de su libertad. Todos los espectadores de ese momento parecían parte de un cuadro pintado por los colores impactantes de la palabra muda y sorda, porque sabían que si la luz del arte se apagaba los barcos no tendrían donde anclar, no tendrían un faro que guiara los pasos a la realidad.

Recuerdo que estaba en mi ventana contemplando la noche, cuando un murmullo de viento rompió el silencio de la fría costa, fui la triste espectadora de la huida del hombre de cabellos rubios, del artesano de palabras, del soñador que desfragmentaba las horas, del artífice del día mas triste de abril.

Recuerdo además que una hoja de rasgos amarillos anclo aquella noche en mi ventana. Esa hoja contenía una pequeña fracción de infinito que el artesano de palabras escribió uno de esos días sin dejar huellas a la orilla del mar:


“Haber podido descifrar la trama, estremecer sentimientos, expandir momentos, atiborrar palabras y pensamientos, no es más que haber surcado un aire sin visos siquiera del trastocado inventario del tiempo.

Todo este espacio es eterno, como aquella antigua canción que me regalaste, como aquél remoto fragmento de poesía inacabada que te regalé, como la forma de tus labios al enunciar la palabra final.

Todo este tiempo es una cadena de ritmos, una puñalada retirada del ser, una leve fantasía

Y el territorio entre este rastro y el último (el último rincón vislumbrado) es el territorio de la huella. Territorio atrapado entre tu carne y la mía, fundado con silencios y gritos secretos entre los eslabones y sobre los muros de la única poesía posible. Que fluye, que descubre nuestros confines, que desparrama nuestras páginas en blanco.

Y es entonces (y sólo entonces) que entre tu mirada y la mía queda detenida una pequeña fracción de infinito.”


Ahora, en silencio, desde aquel día, en cada noche, en cada tempestad, miro hacia el muelle donde el hombre de la expresión blanca dejo esculpidas sus ultimas palabras. El día que apagaron la luz en el pequeño universo de la botella al mar.


Lr... ahora solo se leen silencios...

Anna Bahena.

1 comentarios:

Blogger ojosdepapel ha dicho...

q lindo blog!

10:44 p. m.  

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal