martes, noviembre 17, 2020

Piel Adentro

El cuerpo es un mundo 
habitado de islas silenciosas. 
Todos llevamos un mar adentro.
Oleajes de palabras
salen en forma de voz 
traduciendo los lenguajes   
que han visto nuestros ojos. 
Piel adentro las palabras se mecen 
de norte a sur del corazón. 
Por ejemplo, aquí, dentro de mí 
la palabra vida se encuentra 
limitando con la isla 
de la soledad y el sueño. 
Y la palabra muerte 
al igual limita con la isla 
del tiempo y del olvido.
Son ellas dos palabras
que se conocen de fondo. 
Hablan de ese pequeño
infinito que nos nombra.
Son palabras 
que traducen el silencio
de lo que no hablo 
de aquello que me habita. 


Anna Bahena. 

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martes, junio 02, 2020

Poema lanzado al Mar de las Palabras


Si tan solo entendieras
que dentro de mí
habita un engendro dantesco.
Lo compone el silencio
la melancolía de la calle sin tus pasos
la paciencia del mudo timbre del teléfono,
la espera de tu voz sonando como una canción
que señala tu regreso en horas desveladas.
El paso de la vida sigue dando giros en los días,
días que en su pausa
traen la luz que dejaste en mi memoria
desde aquella despedida:
La noche, el sueño de vivir lo que nos corresponde
en un interrogante incierto
de respirar la vida o condensar el día
en un rayo de sol que me responda
si aquí bajo el silencio
vienes o te escapas de aquello
que una vez soñé bajo la luna
mientras posabas tu silueta
a los sueños de la vida.

Anna Bahena.

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martes, abril 07, 2020

La Cara Opuesta del Olvido

A veces
para entender
el lenguaje de la vida
basta con encerrarse,
mirarse en el espejo
de la casa
con la luz encendida.
¿Qué ves?
Apenas un tímido reflejo
te recuerda la última vez
que levantaste tu rostro
y te viste sonreír.
Pero entiendes ahora
que ese que se mira
en el espejo ya no eres tú.
Es tan solo un fragmento
de tu propia de vida:
aquel que juega con el reflejo
de una máscara
y descubre que al acercarse
lo que un día deseaste ser.
Te quedas mudo, inmóvil,
Tratando de reconocer
un poco de vida en tus ojos
sin fondo,
mientras en silencio ves
como tu corazón palpita
tempestuosamente.
Un miedo te invade
y en vez de enfrentarlo
prefieres apagar
la luz, quebrar el foco
que le da la razón
a tu existencia.
Es ahí cuando ese tímido
reflejo de tu ultima sonrisa
se desvanece eligiendo
la cara opuesta del olvido.
Y entonces recuerdas
que por ahora no habrá muerte
porque es ella quien te espera
con una foto a blanco y negro
y el recuerdo de tu rostro
en algún lugar de la ciudad. 

Anna Bahena. 


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martes, enero 14, 2020

El Hombre y la Muerte


Entonces lo miró. Su mirada profunda parecía perderse en medio de la ausencia. Un halo de sombra y de penumbra rodeaba su cuerpo tirado en medio de la calle de la vida. Estaba solo a punto de tomar la decisión que pondría fin a todas sus tristezas. Hombre que desde el silencio explotaba en llantos de odio y de dolor. Fue entonces cuando en medio de los sueños pudo verla. Una luz le llamaba desde lejos, ondeando su cabello, transmitiendo con voz suave palabras dulces, calmadas y llenas de esperanza. Ella tenía la piel de estrellas y una mirada blanca como la muerte. En su sueño el hombre la observaba danzando, descalza sobre la cima de las nubes. Mientras danzaba, aquel hombre lograba imaginarla serena, ausente como quien hace olvidar lo que para el hombre significaba el deseo de su propia muerte. Comenzó a verla cada noche. Muerte y hombre sentados en el umbral de sus deseos se citaban al cruzar la línea de la media noche. El hombre en vida se sentía nadie, el hombre en sueños junto a la muerte se sentía alguien. Alguien que buscaba a la muerte para hablar con ella asuntos de la vida, como aquel misterio que tiene como fin el nacimiento que es puro y acendrado como el corazón que le ofreció la muerte a aquel hombre que perdido en medio de sus sueños le entregó la vida.

Anna Bahena.


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lunes, enero 13, 2020

Poema sin nombre.



A veces quisiera desaparecer.
Desaparecer de las palabras,
del sentido de la vida,
de las nostalgias y de los recuerdos.
Desaparecer las cartas que escribí
mientras miraba tus ojos dormidos
en el lado izquierdo de mi cama.
Desaparecer del silencio,
del llanto que fue canto
la primera vez que te vi sonreír
mientras iluminabas
las oscuras noches de mi insomnio.
Perderme descalza sin temor a la vida,
trazar caminos imaginarios
por donde huir de esta realidad
que nos azota, que nos llena de ira,
que nos saca esas lágrimas de mar
que inundan nuestros cuerpos.
Desaparecer, 
desaparecer por cuenta propia
y no a causa del olvido en que nos
hemos convertido.
Desaparecer del mapa de mis sueños,
de mis oraciones,
de mis cantos de clamor hacia la vida.
Desaparecer a los ojos de dios
porque a veces él sabe 
que nos deja tirados
a la deriva del tiempo
sin saber si orar, amar, correr o huir.
Pero quiero que sepas
que no quisiera desaparecer por desamor
o por algo parecido.
Quiero desaparecer por cuenta propia
y no que me desparezcan y me encuentren luego
entre huesos sumergidos en flotas
donde navegan otros huesos que no serán los míos.
Yo quiero desaparecer con nombre propio
con la libertad de haberme ido,
ya sea por uno, por dos o por tres días, años, o decenios
y regresar tal vez para contar la historia
de alguien que tomó la decisión de irse,
de tomar por barco al tiempo, 
adentrarse hacia sí mismo,
y en ese huir encontrarse muy adentro de su cuerpo
la tranquilidad de haber sobrevivido.

Anna Bahena.

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domingo, octubre 20, 2019

Lejanía.


A veces siento que dentro de mí
habita una sensación de lejanía.
Tengo olvidos que cuento
en los dedos de los pies
y recuerdos que escribo
en las palmas de las manos.
Aún así me enojo a veces.
esta sensación
Me pone en contra de la vida
y a la vez me pone en contra tuya.
Debe ser porque esta ausencia
de ti y de tu sonrisa
también me pone furiosa con el mundo.
Entonces me aconsejo 
que debo ver el sol, contar estrellas.
Encontrar el camino
que me regrese a la casa
de tu recuerdo para no olvidarte.
Y que debo habitar lo inevitable
que es el recuerdo del amor
que cambiaba de curso
cada vez que sonreías
rompiendo los vidrios
de la casa, esta casa
que ambos construimos.
Pero hoy ya no estás.
A veces te escucho sonreír
en la distancia de una noche.
Entonces me miro
las palmas de las manos
para descifrar esta sensación
de lejanía que me sujeta
a la vida y allí, te encuentro,
me encuentro, nos encontramos
juntos tomados de las manos.
Nuestras manos
y me ausento de mí, soñando
un mundo a tu lado.

Anna Bahena.


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miércoles, octubre 02, 2019

Reloj de Arena



                                         A Ana.

Algo entorpece el sonido del silencio.
El sueño se distrae con la música
que canta el reloj de pared
que mi madre compró
para desvelar el flujo de sus años.
Todas las noches el reloj
Entona una misma canción
tic tac, tic tac...
haciendo del sonido
un grito detenido.
Debo encontrar la forma
de hacer que mi madre
comprenda que los relojes
de pared, siempre entonarán
un grito a la espera que alguien
los encuentre y los detenga.
Que la cuerda que les damos
nos ata a las horas
que nos quedan de estar vivos,
y que el tiempo es como un pájaro
varado en una jaula
donde que su canto no es más
que el deseo de ser libre.
Ahora comprendo por qué
nunca me gustaron los relojes
que empolvados cuelgan
en las paredes de casa.
Tal vez, porque en el fondo,
yo quisiera imaginar que los años
de mi madre hoy se encuentran detenidos
y que a diferencia de su tiempo,
mi tiempo, es un pequeño sueño interrumpido
contenido en las paredes
de un reloj de arena,
donde el tiempo se hace mudo,
donde el tiempo no envejece,
donde la vida y los sueños
se condensan dando un salto
hacia el vacío,
allí donde la vida se revierte.

Anna Bahena.