La Sombra

a la deriva del viento.
Heme aquí sentada,
-sin duda-
A solas con mi voz,
y estas letras que se inundan
en lagos de tan fina incertidumbre
y ceguera del mundo
que se debate en ruidos
de asombro
y una que otra discusión de
causas y de efectos.
Existe el deseo perenne,
la muerte austera,
en la maraña del mundo indescifrable
Altamente
Contaminado de nostalgias.
A solas el tiempo enclaustrado
no responde preguntas de un dios
Encendido.
Y el libro que se lee
En esa soledad tan altamente asistida
Por tus noches,
Se escriben los versos esclavizados de rojo.
La agonía del hambriento sueño
En el poder ser como la lila
En jardines de amparos
y algunos desencuentros.
Déjame quedarme a solas,
A solas con mi nombre,
A solas con mis pasos,
A solas con mi miedo,
Sin el pedazo de mi sombra.
Déjame mirar el alba alucinando
El temblor de tu regreso
En mis labios de canto.
Y en esa ilusión viva
De saberte circundando mi memoria
te diría en silencioque te acerques
sin miedo,
a este amor que descifras
en la figura del hombro
marcado de insomnio
y de sonrisa muda.
Pero heme aquí sentada,
-sin duda-
Bajo la sombra de un árbol
Que florece en primavera
Y que muere cuando callas
A la orilla de mis ojos
Y mis pasos.
Anna Bahena.